CENA
Los Abedules
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Canapé de corazón de salmón ahumado con dip de pepinillos (2002)
Un
bloque recién cortado de centro (corazón) de salmón ahumado como de 5-7 mm de
espesor. Se napa ya sobre la tostada o tartaleta con la pasta untuosa procedente
de mezclar Pepinillo picado, nata, Mostaza de dijon a la albahaca, abundante
eneldo fresco recién picado y media copita de amontillado viejo.
Pincho de
bacalao ahumado con fritada dulce (2002)
La fritada dulce:
Se cortan las cebollas en finas rodajas transversales y los pimientos en finas
tiritas. Habremos cubierto generosamente el fondo de una cazuela plana o sartén
profunda con aceite y cuando esté caliente ponemos a rehogar cebolla y pimiento
removiendo suavemente para que queden bien impregnados por el aceite. Se reduce
el fuego, se tapa la cazuela y se dejan pochar lentamente por unos 20 minutos.
Luego se destapa la cazuela y se aviva algo el fuego para conseguir un puntito
de dorado, momento en el que se sazona con sal. En los últimos 10 minutos se añade
un generoso puñado multicolor de uvas pasas variadas.
Montaje:
Se ha abierto una media hora antes un sobre de bacalao ahumado de buena calidad
(por ejemplo, Benfumat). Se ha cortado en porciones de tamaño adecuado para
situarse posteriormente sobre las porciones de pan a la brasa crujiente,
tostaditas o biscotes de calidad que vayamos a utilizar. Inmediatamente
antes de situarlas sobre éstas se pasan por la fritada bien caliente para que
se impregnen de aceite, cubriéndose a continuación con una cucharada de
fritara asegurándonos de que cada pincho tenga al menos dos uvas pasas
Escalope de foie-gras sobre ensalada de trufas (2000)
Ingredientes
Foie-gras entero fresco: de una pieza de 400-450 gramos pueden salir tres o
cuatro escalopes más los recortes. Lechuga tipo romana (“oreja de burro”),
berros, corazón de escarola. Trufa: a falta de trufa fresca (ni me imagino lo
bueno que puede estar esto con trufa fresca), nos apañaremos con 50 gramos de
tuber estivium en conserva
para cuatro personas (idealmente grandes, en El Corte Inglés pueden encontrarse
botes de cristal de Carné con los 50 gramos). Sal, pimienta negra para moler,
aceite de oliva arbequina, vinagre de Módena, ½ copita de jerez seco y 3
cucharadas de nata líquida.
Procedimientos
básicos (una o dos horas antes de servir)
Las
verduritas: picaremos (entre ½ y 1 cm de longitud) los tiernos y blancos
corazones de las lechugas de oreja de burro (despreciadas en algunos lugares, en
Guipúzcoa las utilizan para cocer, la quintaesencia de la buena lechuga donde se
encuentran las buenas: en la Rioja son excelentes y a lo largo de la temporada
del 2000 uno las encuentra bastante aceptables en El Corte Inglés con perdón
por repetir). Nos desharemos cruelmente de tractos, tronchos y zonas verdes. En
un bol o un escurridor mezclaremos el picado de lechuga casi a partes iguales
con los berros, que habremos seleccionado entre los mas pequeños deshaciéndonos
de gran parte de los tallos). En un lugar aparte reservaremos los corazones de
escarola, también picoteados una vez eliminados los fragmentos más toscos.
La vinagreta: extraordinariamente sencilla (casi un aburrimiento) El aceite
de oliva (unos 200 cc para 4-5 personas), vinagre de Módena (la proporción es
el único elemento de incertidumbre de esta receta, pero recomiendo no quedarse cortos por tacañería), sal y el jugo del bote de las trufas. Agitar enérgicamente
hasta lograr la dispersión.
Las trufas: Si uno dispone de una trufa hermosa, la cortará cuidadosamente
en láminas de unos 2 mm de grosor. Conservará enteras las láminas centrales más
hermosas en número de una por comensal y picará el resto en pajitas como de 1
cm de longitud. Aderezaremos el conjunto de fragmentos con aceite de oliva y la
media copita de jerez y reservaremos durante un buen rato (unas dos horas, o más,
si puede ser)
El foie-gras: Cortaremos la pieza en diagonal, creando escalopes de 1,5 o 2
cm de grosor que podemos conservar en el frigorífico en envolturas individuales
de papel plástico, que abriremos para salpimentar generosamente por ambos lados
inmediatamente antes de su puesta en la plancha.
Preparación
inmediata
Cubriremos
el centro de los platos con la mezcla de lechuga y berros, orlando éstos con
una corona de escarola. Ojo: juntos pero no revueltos. Tras una última y enérgica
agitación de la vinagreta la distribuiremos por la verdura (esto puede ser una
media hora antes de servir). Rehogaremos a fuego lento las trufas con el aceite
y el jerez añadiendo en el último momento la nata. Preservando las láminas
grandes de trufa para más tarde, distribuiremos este material, bien caliente,
en el centro de la zona verde, inmediatamente antes de la preparación del foie.
Los escalopes de foie bien salpimentados se pasan por una sartén bastante
caliente sobre cuyo fondo pueden haberse dejado caer unas gotas de aceite de
oliva (esto es una heterodoxia) hasta que está bien dorada su superficie y
empiezan a perder la rigidez . Se coloca cada uno amorosamente sobre la ensalada
y sobre él la lámina de trufa. Puede verterse sobre el conjunto algo de la
grasilla caliente que han soltado en la sartén. Servir rápidamente.
El
vino
El 16 de agosto tuvimos oportunidad de beber una maravilla con este
foiegras. Tuvimos ante nosotros una botella de un excepcional pinot gris
alsaciano, probablemente difícil de superar. Bebimos el Tokay-Pinot Gris,
Vieilles Vignes Zind-Humbrecht 1998, 90 puntos para Robert Parker, Inmenso.
Complejo, voluptuoso. Albaricoque, café, persistencia eterna, complejidad difícil
de igualar. Cuerpo medio, excelentemente estructurado. Vamos, como un guante
Magret
de pato con salsa de grosellas negras (mirtilos) y ciruelas pasas (2002):
El
magret de pato es uno de los ingredientes más repetidos en este recetario y lo
es porque el recetario proviene de la vida misma, y en la vida misma, se repiten
los elementos que en la cruel selección natural, permanecen. A mis amigos les
gusta la carne roja. El magret de pato es un producto que la naturaleza o la
creatividad del hombre han puesto en manos del cocinero para facilitarle la
vida. El magret de pato es una carne roja, limpia, tierna y jugosa. La
naturaleza lo presenta en unas porciones de tamaño muy manejable y perfectas
para asar, en dosis como para dos comensales. Además viene envasado con su
propia grasa que le garantiza una condición jugosa y aromática tras la cocción
al horno, plancha o parrilla. Como interesante diferencial sobre la carne de
vacuno (podría competir en finura con el solomillo y en intensidad con la
chuleta de lomo) aporta gracias a su grasa unas sensaciones más propias de la
carne de caza y, como tal, siendo suave, fina y delicada, soporta mejor que el
vacuno compañías o aderezos comprometidos: Salsas dulces y/o especiadas,
huevo, foiegras, se desenvuelve también a la perfección en soledad,
(maravilloso con unas gotas de aceite crudo y perejil solo sobre el plato
caliente.
La salsa de mirtilo
Una aproximación extraordinariamente clásica. Prepararemos
primero un fondo oscuro de carne de vacuno:
Pimiento verde, puerro, zanahoria, champignon, un cuarto de cebolla y un diente
de ajo. Un par de huesos de vaca y unas porciones de carne de guisar, Una olla
profunda, todo este material dorado en aceite. Cuando está todo dorado, tras añadir
un puñado de hierbas secas, bien de pimienta multicolor, un poco de sal y una
cucharada generosa de mostaza, se cubre todo de
fondo claro, vino tinto y un chorrito de jerez oloroso seco, se reduce el
fuego y se deja hervor poquito a poco, reponiendo las pérdidas poco a poco con
más fondo claro, un poco más de vino tinto y repetidos chorritos de oloroso
seco. En dos o tres horas vamos escurriendo en el colador los componentes sólidos
y extrayendo el delicioso y complejo fondo oscuro que corregimos de sal y
pimienta.
En un cazo, calentaremos con un poco de vinagre de módena y agua
aproximadamente 150 gramos de mermelada de mirtilo, preferentemente de las
modernas, afrutadas, y mejor con frutos enteros frescos, que podemos añadir al
cocimiento.
En el recipiente en el que vayamos a hacer la salsa, doraremos media trufa negra
picada sobre la que verteremos el cocimiento de la mermelada, añadiendo sin
cortarnos un pelo abundante pimienta negra recién molida. Iremos vertiendo sin
parar de remover nuestro maravilloso fondo oscuro hasta que la combinación nos
parezca difícil de mejorar. Los últimos pop-pops los daremos tras añadir unas
ciruelas negras pasas (una o dos por comensal), que previamente habremos
rehogado en mantequilla y cocido algo más en fondo oscuro con brandy.
El conjunto no suele necesitar ser espesado, aunque si es necesario podemos añadir
algo de roux y, en todo caso un chorrito de nata líquida en los últimos
momentos. También puede ser interesante al probar la salsa en los últimos
momentos, añadir algunas gotas de jugo de limón si el resultado resulta un
poco oscuro por falta de acidez o exceso de azúcar.
El magret: Puede
prepararse según el gusto y costumbre de cada uno. Nosotros asamos sobre la
plancha a fuego fuerte la pieza entera tras salpimentar, manteniéndola, la
mayor parte del tiempo sobre el lado de su grasa, de manera que su exterior
quede dorado y su interior saignant. Luego la cortamos en finas lonchas
transversales.
Montaje del plato: Platos
calientes. En algún lugar del plato, sobre el que se ha extendido la salsa, se
coloca una ciruela negra a modo de centro de una flor alrededor de la que, como
pétalos se van colocando las rojas lonchas de magret, que han sido desprovistas
en el momento de la mayor parte de su grasa. La otra ciruela puede saludar desde
el otro extremo del plato.
El vino: Hemos
quedado en que el magret de pato lo aguanta todo. Puede encajar de maravilla con
tintos potentes mediterráneos: prioratos (Cims de Porrera 1998) , alicantinos o
murcianos monastrell , El shiraz del Dominio de Valdepusa del Marqués de Griñón
1997, no digamos de Alto Ródano. En todo caso, nosotros fuimos más
convencionales en planteamientos (no más modestos) y bebimos
un magnum de buen Saint-Emilion
Chateau Beau Sejour-Becot 1er Grand Cru Classé 1994, que a pesar
de nos ser de un año reputado, estuvo de sobra a la altura de las
circunstancias.
Biscuit
glacé con frambuesas sobre coulis de frambuesas y chocolate al vodka polaco
2002
El
biscuit glacé puede
hacerse en casa (lo mejor) o utilizarse helado de mantecado comprado y
convenientemente trabajado (batido a mano) hasta conseguir una textura cremosa
o espumosa. En los últimos movimientos se le añaden una razonable cantidad de
frambuesas frescas.
El Chocolate:
Se trata de fundirlo en un cazo, sin parar de remover, añadiendo en la operación
un par de nueces de mantequilla y un poquito de leche, más aún si el
chocolate es negro, como mandan los cánones. Yo, sin embargo recomiendo usar
una mezcla de trozos de chocolate negro con chocolate con leche, lo que facilita
la ligazón. En un par de momentos del proceso de fusión añadir dos generosos
chorritos de vodca polaco de hierbas (zuvrowka). Cuando todo está listo, puede
reservarse y recalentarse removiendo en los momentos previos a ser servido
El Coulis:
Mi recomendación es comprarlo hecho en un buen supermercado o tienda de
delicatessen. Si no, se trata de hacer un puré ligero con la frambuesa
previamente compotada, aligerándolo con jarabe y una cantidad prudencial de
jugo de limón y pasarlo por un colador fino.
El coulis se dispone en el centro del plato rodeado por una corona de chocolate
fundido sobre el que pueden espolvorearse picaduras de cacao. Una bola del
biscuit glacé se coloca en el centro del plato. Puede adornarse con unas hoja
de menta
El vino: Qué bien queda con los postres de fresas y
frambuesas el
champagne rosado. Con este postre hemos tomado un Nicolas Feuillatte Brut
Premier Cru Rosé Millésimé 1996
que puede encontrarse en El Corte Inglés por unos 28 € y en cualquier
supermercado de Francia por 10 Euros menos. Es excelente con intensas notas de
cereza y melocotón con canela y especias (86-89 puntos en Wine Spectator).